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Las ultimas estribaciones de las Sierras Chicas bajan suavemente hacia el rio Ascochinga y al cruzarlo, más allá del mismo, comienza la llanura cubierta de vegetación autóctona.

El solar es a la vez íntimo y amplio; un lugar privilegiado donde estas tres condiciones -sierra, rio y monte- convergen y se condensan, haciéndolo único. La topografía desciende serenamente como una gran pradera y a medida que se acerca al rio encuentra una zona arbolada de sombra y agua.

El primer gesto del proyecto es celebrar el acto de bajar al rio. Es reconocer implícito en el lugar un camino que desciende con un serpenteo desde las grandes piedras de una acequia hasta la pequeña playa entre los árboles.

Tal como el lugar es el que se hace camino, el camino es el que se hace casa. Luego del pabellón de cocheras, la casa aparece paralela al sendero, acompañando su linealidad y su suave pendiente descendente. Recuerda sutilmente al modo tradicional y sabio con las que las antiguas pircas de la región entendían y se relacionaban con el paisaje. La casa se desarrolla entonces en este muro de piedra ancho, robusto y habitado, lineal en su planta, pero orgánico en su sección.

La organización de los ambientes se plantea como una sucesión de espacios sencillos y funcionales en una planta, uno a continuación del otro, evocando también las antiguas construcciones de campo. Se accede a través de un zaguán a cielo abierto ubicado en el medio, el cual divide dos zonas diferenciadas por su uso: una principal, con un amplio espacio social de cocina comedor y estar y la habitación principal en suite; otra de invitados, con dos habitaciones más, un estar privado, y un sector de dependencias que cuenta con un patio de servicio.

Cada ambiente interior se diferencia del siguiente por un escalón, en una sutil cascada de espacios que trae al interior de la casa el tranquilo descenso del terreno hacia el rio.

Al mismo tiempo que ciertos aspectos de la casa evocan cosas conocidas y de la tradición, su sensibilidad estética es absolutamente contemporánea. El cuidado balance entre llenos y vacíos, la elegancia geométrica de los planos de muros, pisos y cielorasos, la adopción de terminaciones neutras y continuas, los detalles minimalistas en zócalos, equipamiento y aberturas, refuerzan su carácter actual y sofisticado.

Desde adentro, ése contexto natural que le da origen al proyecto se redescubre en cada estancia a través de vanos diáfanos y de gran tamaño. La naturaleza -así fragmentada y encuadrada- se resignifica y pone en valor: se transforma finalmente en paisaje.
Estas grandes ventanas, cuando están abiertas, logran que el vidrio desaparezca completamente dentro del muro y el aire exterior inunde la casa, transformando cada ambiente en una galería interior.

Hacia el Norte las ventanas encuadran la pradera inclinada que baja desde el viejo casco de estancia; de la cual se llegan a ver algunos árboles y el antiguo molino. Hacia el sur, se enmarcan recortes del rio y el bosque autóctono más allá.

Al volver a salir es posible retomar el camino que continúa hasta el bosque y la playa o bien quedarse en la terraza, que es un balcón suspendido sobre el río y lo arboles. La amplia galería de madera negra se ha ubicado ahí, cerca de la casa pero en íntima relación con la naturaleza, con una parrilla y la piscina, donde disfrutar de los asados y las largas sobremesas.

La arquitectura no hace más que intensificar las riquezas que el lugar ofrece. La casa encuentra en ello su carácter y belleza.

EQUIPO

Diego Arraigada, Sofia Rothman (Directora de Proyecto), Paula Pasquinelli, Manuel Ventura, Manuel Bianchi, Facundo Spina.

DEVELOPER

Bonnart

CONSULTORES

Interior Desing: Julieta Scarafia Landscaping: Ernestina Anchorena

FOTOGRAFÍAS

Rompecabezas Producciones