TEXTO
Hacia el sur del pueblo costero de La Pedrera (Rocha, Uruguay), la zona próxima al mar se caracteriza por la aparición de grandes cárcavas de erosión producto del drenaje del agua del continente hacia el mar. A su vez toda la zona se encuentra cubierta por una vegetación cerrada, principalmente compuesta por acacias de mediana altura. El terreno es accesible a través de un estrecho sendero, que da lugar a un gran claro rodeado de vegetación. Este espacio abierto limita -en dirección al océano- con una gran cárcava y gracias a la depresión natural que ella genera se llega a percibir sobre el follaje el mar a lo lejos.
La casa de planta cuadrada ocupa el centro del claro y procura con su altura no superar el nivel de las acacias del lugar. Su ortogonalidad y la dureza exterior del hormigón contrasta con lo orgánico del claro natural donde se ubica. La pieza se implanta rotada, orientada en dirección a la cárcava y el océano más allá.
Se accede a la casa a través de a una cisura vertical abierta en su frente ciego. Una vez atravesado este umbral a cielo abierto, el espacio se vuelve a expandir y el visitante se encuentra en un nuevo claro artificial, de forma orgánica, revestido en madera. En él todas las referencias del paisaje exterior desaparecen excepto el cielo. Este espacio negativo es un patio interior desplazado, un vacío de acceso que se debe atravesar para entrar al espacio interior de la casa.
Desde dentro, el vacío del patio se convierte en un elemento positivo que organiza alrededor del mismo una circulación continua entre las tres alas que alojan todas las funciones domésticas. Su plano curvo se percibe interiormente en todo su desarrollo y establece un nuevo contraste con el perímetro interior recto. Este plano se materializa con una superficie de tablas de madera calada que es una fuente de luz tamizada a la zona profunda de la planta. Finalmente, gracias a tres puertas en sus lados, permite vincular las distintas zonas de la casa atravesando el patio, generar ventilaciones cruzadas que regulan el clima, y usarlo también como una expansión íntima de los espacios interiores.
En el perímetro de la casa, distintas aperturas relacionan los ambientes con el exterior según su función y el contexto. Hacia la cárcava, la apertura ocupa todo el largo de la fachada y el vidrio se retrae para generar una galería paralela a la cocina, estar y comedor. La gran viga superior de la galería adopta un fondo curvo que acompaña su diagrama de momento y deformación, a la vez que genera un particular encuadre del paisaje, enfatizando la tensión entre horizonte y dintel curvo en su punto medio. Esta resolución se extiende al resto de los dinteles de las aperturas en el hormigón, estableciendo también una relación sutil con el carácter original fluido del material.
A través de una escalera helicoidal en la galería se accede a una terraza verde que recupera la vegetación autóctona que cubre los médanos de la zona, de bajo o nulo mantenimiento. Desde esta nueva altura se redescubre el paisaje natural en derredor.
EQUIPO
Diego Arraigada, Juliana Esposito, Sofia Rothman, Lucrecia Rossi, Victoria Fucksmann, Luciano Navarini, Mercedes Paz, Quentin Bonnet, Pablo Gamba, Oscar Merle, Clara Pazos, Federico Seineldin
CONSULTORES
Ingeniería: Martin Rajchman
EMPRESA CONSTRUCTORA
Construcción: Gustavo Traverso
SUPERFICIE CONSTRUIDA
Superficie cubierta:160 m2 Superficie Semicubierta: 40 m2