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Como una adición a la Casa con Vistas, se solicitó una pileta y un quincho para complementar la vida doméstica. Se proyectaron como un conjunto de tres partes, donde cada una se ubica lo más alejada posible de la otra. La construcción se desarrolló en dos etapas para interferir lo menos posible con el uso de la casa y el resto del terreno. Ante una casa existente de gran carácter, las dos ampliaciones optan por continuar con la materialidad de la misma pero con soluciones formales más sencillas.

La pileta se percibe como un objeto aislado que se posa en el suelo. Su planta toma la misma geometría básica de la casa y suprime cualquier jerarquía frontal o posterior. Al elevar su altura y ser accesible por una escalera con puerta evita tener que realizar el cerco de seguridad que el reglamento del barrio exige. Vista desde cerca y desde dentro, el bañista nota que el agua inunda por completo su forma hasta el borde, desmaterializando la masa y transformándola en puro reflejo, dándole una cualidad abstracta y sin límites. Regularmente el agua desborda el volumen y chorrea por el tabique de hormigón desde donde es recolectada y filtrada por un sistema subterráneo. En una relación de contexto ampliada, la pileta se asocia también con los clásicos tanques australianos del campo.