TEXTO

“Toda expedición lleva consigo la posibilidad de extravío. La exuberancia de la selva, la imposibilidad de acceder al territorio montañoso, la extensión infinita de la pampa, cimentaron la locura del europeo. En la pampa el viajero no tiene la certeza de avanzar en el trayecto de su viaje, sino que parece repetir una y otra vez, en línea recta, un mismo recorrido.
Estas extensiones, la de una Pampa siempre igual que deriva en una Patagonia tan desértica como árida, generaron en el europeo la certeza de que debía existir alguna gran ciudad, tan grande como el territorio que la rodeaba, así como también existiría el paraíso detrás de una vida de tormentos. Después de todo, y considerando todo tipo de inclemencias que los conquistadores debían sortear en su camino, no suena tan extraña la creencia de que los habitantes de Trapalanda fueran inmortales.
De Trapalanda se cuenta que estaba construida en su totalidad en oro. Hacia 1700 las crónicas que narran su existencia comienzan a tomar más fuerza. Es así que en 1707, el viajero Silvestre Antonio de Roxas afirma haber estado en la ciudad. Según comenta, Trapalanda estaría enclavada en un llano, contando además con hermosos edificios que, según nos dice, habrían sido construidos ‘al modo de España’. Por esos mismos años, otro viajero, esta vez el padre José Guevara, descreyendo de las noticias sobre la existencia de esta mítica ciudad, comenta que ha llegado a sus oídos la noticia de una ciudad tan “hermosa como Sevilla opulenta en plata, oro, pedrerías y otras preciosidades estimables. Los habitadores en color y modales imitan a los europeos, de quienes procedían”
Texto por Jesu Antunia.

EQUIPO

Instalación visual: Arraigada, Diego; Antuña, Jesu. Instalación Audiovisual: Barberis, Lilen. Instalación Sonora: Luciérnaga Furiosa y E'Bo.